sábado, 29 de agosto de 2009
Tristeza
jueves, 27 de agosto de 2009
Being Happy
sábado, 22 de agosto de 2009
When hate is so unbearable...
Guilty
Pity
Porque su cobardía ha sido más grande, se muerde el labio inferior hasta hacerlo sangrar y no deja que cierta confesión abandone su lugar en lo más profundo y oscuro de su alma. No ha pronunciado esas dos palabras a pesar de que lo ha deseado tantas veces que ya hasta perdió la cuenta... Se ha contenido tan bien cuando esa persona le dedica esa diáfana sonrisa y le pregunta, con verdadera preocupación, si se encuentra bien... Se ha clavado las uñas en las palmas para evitar alzar los brazos y rodearle cuando lo ve tan cerca... Desvía la mirada, con el rubor arrebolándose en sus mejillas, cuando aquella persona bromea sobre el futuro que les espera juntos y sólo alcanza a pronunciar “torpe”, apenas de forma audible, porque teme que la voz se le quiebre ante su enfrentamiento con la desdeñosa realidad: que esa persona no es suya de la forma en que él quisiera.
Lo ha visto dormir y ha pensado en cuánto le gustaría que siempre se viera así de tranquilo y en paz, porque él sabe, por mucho que el otro lo esconda, que pasa por más cosas de las que dice, que tiene más preocupaciones de las que le comparte y por supuesto que quiere ayudarle, pero el otro jamás le ha dejado acercarse tanto; al menos no a él.
Se siente sucio cuando termina alguna ronda de sexo, porque nunca ha visto el rostro de la persona con la que está en el momento; su mente está lejos, se ahoga en la lujuria y el instante para tratar de no pensar en cuán feliz le haría que fuera otra la persona que un día llegara y le dijera que sin él no puede vivir; pero cuando está a punto de lograrlo, cuando la realidad se rompe en luces y el placer es tan fuerte que le paraliza, en ese instante lo ve, sonriéndole, esperándole, y sabe que no tiene perdón y que esa será por siempre su maldición.
Un día va a llegar a sus oídos el rumor sobre una celebración que va a terminar por destrozarle el corazón. Lo sabe. Y también sabe que debe de alejarse lo más pronto posible, porque su autocontrol no va a durar para siempre y un día va a terminar soltando las cosas de las que posiblemente se arrepentirá toda la vida; pero es que todavía no puede... aún no se siente capaz de darle la espalda a ese ser para marcharse lejos, a algún lugar en donde no pueda encontrarle. Por más que le duela, quiere tratar de aplazar esa partida, porque aunque ya sabe el final de esa historia, todavía no quiere llegar a él...
Al menos por unos momentos, quiere permitirse creer que no existe ese futuro aguardando a su puerta y que todo es un mal sueño, que siempre serán amigos y que jamás dejarán de estar juntos. Quiere creerlo, de verdad quiere creerlo; pero cuando se despiden y ve cómo el otro le da la espalda para tomar su camino a casa, recuerda que su tiempo con él es prestado y que es otra la persona destinada a estar su lado por el resto de su vida. Una persona que jamás será él, aun si cada noche le ruega y suplica a su dios lo contrario.
24-07-09
Faceless Angel
Atria
miércoles, 29 de julio de 2009
Sensatez
(Sentado, las manos entrelazadas, ajeno al mundo; piensa)
Un día, vi el pánico reflejado en los ojos de una persona. Sus gimoteos y gemidos quedos repitiendo una y otra vez “Por favor, por favor”. Nunca, en toda mi vida, me he sentido tan grande como en ese momento.
(Se pone de pie y camina hacia abajo cinco pasos. Mira hacia el frente, convencido de su locura)
Estoy maldito. Mi vicio, mi adicción… mi obsesión y más grande amor se encuentra en ser un verdugo. No puedo evitarlo, me encanta matar.
(Camina hacia atrás, permaneciendo en posición abierta; recuerda)
Al principio, eres sólo tú, la víctima y un ambiente lúgubre y repleto de adrenalina, miedo y silencios rotos por plegarias y risas. Después, eres tú enfrentándote a un animal desesperado que busca una salida a todo el tormento que vive. Y mientras la busca, te ruega, con cada poro de su piel, que no le mates, ruega incluso tu compasión.
Entonces te burlas y le miras con sorna, le pateas una, dos o más veces y sientes que tu sangre hierve, porque el animal te ha contagiado su angustia y tu insana mente es un remolino de perversas e interesantes ideas. Tu razón no puede con todo, por eso terminas por parar hasta que sus lloriqueos son febriles y casi inaudibles.
(Agitado, sigue reviviendo la escena, parece ver a alguien que está sentado en la misma silla donde él apareció)
Respiras agitadamente y te pasas una mano por el cabello, mientras piensas qué hacer. Y cuando vuelves a escuchar que dice “Por favor, Dios, por favor”, el animal eres tú.
(Está reviviéndolo. Ante él, aunque la silla esté vacía, él sigue viendo a su víctima; revive)
Enfurecido, regresas y lo tomas por el cuello, apretándolo tan fuertemente que sientes bajo tus manos el crack que sus huesos hacen en tanto le robas la vida. Y tus ojos están fijos en los de él y te sientes asombrado por la belleza que tus sentidos son capaces de percibir mientras cometes un homicidio, porque te encanta ver sus pupilas dilatas de miedo y su cara contorsionándose en mil y un muecas mostrando cuán ardua es su lucha contra ti y contra la muerte. De pronto despiertas de tu ensueño al sentir que algo moja tus manos, sólo entonces te das cuenta de que son sus lágrimas y el sudor mezclados con la sangre y piensas que nunca antes un carmesí ha sido tan hermoso y vivo. Como hipnotizado, permites que la persona clave sus manos en tus muñecas, ya no ruega ni pide, y continúas apretando en la medida en que su presión sobre tus muñecas cesa. Pronto no es más que un inservible y feo contenedor vacío.
(Abrumado, da dos pasos hacia atrás, sonriendo)
Eres poderoso. Lo dejas caer a un lado y todo a tu alrededor da vueltas. No eres nadie y, sin embargo, sigues siendo humano, porque sientes, ¿no? Porque tu razón regresa para humillarte al decirte que eres un monstruo y tu alma parece gritar que pares, porque ella muere. Les oyes gritarlo una y otra vez, y ríes y lloras. Lo lamentas, te arrepientes, y al mismo tiempo lo disfrutas. Estás loco.
(Se pone en cuclillas y vuelve a ver a su víctima; está ahí, tirada; se angustia)
Ves el cuerpo inerte de tu primera víctima y te desquicias. Sus gritos y súplicas resuenan en cada rincón de tu mente. No paran de resonar el llanto y sus horrorizados chillidos, y tus manos se contraen dolorosamente con la sensación que permanece de huesos rotos bajo ellas. Te espantas y gritas.
(Se pone de pie de nuevo y ríe con locura)
Ah, el arrepentimiento es la mejor droga para el masoquista…
(Baja el rostro y se abraza a sí mismo; hace frío, está solo)
Entonces abres los ojos y notas que ya perdiste la cuenta de los días que han pasado desde que cometiste un asesinato. Todas las noches es lo mismo, todos los momentos de silencio son iguales, y cuando te diviertes de pronto te quedas horrorizado cuando sin querer una imagen espeluznante llega a tu mente sin que la convoques y… y sólo entonces te preguntas “¿Qué he hecho?”.
(Está angustiado, asustado, tiene miedo y no sabe qué hacer. Te está mirando, se está reconociendo en tus ojos)
Los recuerdos acosan como devoradores de tranquilidad, el silencio se rompe con los gritos de tu consciencia que repiten hasta el cansancio “asesino, asesino” y si cierras los ojos, tu mente refleja el rostro convulsionado por el dolor y las ínfimas suplicas.
(Vuelve a sentarse en la silla y observa a su alrededor como el pintor que admira su obra maestra)
Al final, eres tú, los perennes deseos de muerte y un escenario donde se repite una y otra vez el mismo acto.
jueves, 16 de abril de 2009
Numb
Y suspiras y te preguntas qué haces. No te sientes conforme con la respuesta y decides cambiar de pregunta, ahora te intriga saber qué quieres. Mientras una canción se deja oír en tu habitación, tarareas sin pensarlo y con las yemas de tus dedos dibujas sobre tu escritorio un escenario en donde nada importe y la angustia te embarga de pronto. Ahora te ataca el pensamiento de por qué estás aquí.
Hoy, como ayer y como otros tantos días atrás y unos más por venir, no tienes una respuesta convincente para nada. Ni te encuentras ni te encuentran y sólo te dedicas a pensar en todo y en nada. Te aburres y cambias de canción. Hoy, como siempre, te falta lucidez para pensar.
Watch shonen ai x3~